Crónica I

Estoy sentado a la sombra de un roble de rosas flores. Mis pies hacen sonar las grava que parece gritar cuando la piso. Al frente, sentada con el rostro descansado sobre sus manos, una mujer con la mirada perdida en algún lugar y con ancianas​, quizás, espera con desesperación. Su rostro se ve afligido, debería decir, su hermoso rostro se ve afligido, quizás no, es posible que sólo muestre desesperación, quizás solo miedo, miedo del no encuentro. Ahora llama o le llama, su mirada se funde con el suelo, se le dibuja una sonrisa que cuando aparece en su rostro hace que el tiempo pase sin sentido como esas personas que también pasan sin sentido, esas personas que pasan y no la mira, pasan de lado. Ella termina su llamada, su vista se pierde quizás regresa a ese otro lugar. La gente pasa y se cruza, sube y baja las escalera. Ella sigue triste y un joven se pierde en la derecha. Otros fuman en las escaleras,un tren pasa cargado de personas. Un joven llegan y se sientan, fuman, todos fuman y ella espera. Está cansada, se descalza, quizás el camino fue largo y la espera incómoda. Él no fuma, me observa con incistencia y luego voltea sus ojos con ella. Me interrumpen un vendedor, le digo que no. Se va junto al joven que nos ve, lo interrumpe, conversa con él y él lo invita a fumar, otros fuman. El vendedor fuma, plática y se va. Ella mira al vendedor. El joven se va ya sin mirar, ella lo observa. Otros se quedan y otros llegan. El vendedor habla con otros, ellos fuman. Su rostro se ve ancioso, atrás de ella los dos jóvenes que fuman platican y se ríen. Ella voltea y los ve. Tiene una chaqueta obscura de mezclilla, unos pantalones grises también de mezclilla y sus calcetines son azules y en las puntas morados, su pelo negro rizado no le llega a los hombros, las facciones de su rostro son finas, le va bien morderse el labio. Los chicos se levantan bajan por el césped y ella los mira, uno acaricia el cabello y el cuello del otro, él sonríe y ella lo sigue con la mirada y también sonríe, los pierdo de vista mientras ella lo sigue con la vista. Ciclistas pasan y la gente pasa ya sin prisa. Aquel trío que fumaba tirado en las escaleras sigue platicando también fumando y seguro están imaginando que siguen soñando. La gente sigue pasando y ella también sigue soñando mientras el sol se va ocultando. Se va desesperando pero se quedará esperando. Las escaleras se quedan solas mientras un hombre va pasando y al fondo una bandera está ondeando. Sigue esperando mientras observa a los que van por la vereda en la que su vida van dejando. El día se va alejando y el viento las hojas del suelo va levantando. Se va calzando, se levanta y por el sendero se va andando y en una moto deprisa se va alejando y yo me quedó aquí esperando…

Católicos pero no pendejos

19 de noviembre de 2011

(México, D.F.) Al caminar por el paseo peatonal Madero en el Distrito Federal ya para cruzar al zócalo me encontré con un grupo de personas que formaban un semicírculo alrededor de unas lonas en las que se denunciaba a los curas pederastas.

Del otro lado del semicírculo se encontraba un hombre y una mujer, la mujer vestía un atuendo poco común, una sotana de estilo militar con una mitra del mismo tono. En sus manos una cartulina que decía “Necesitamos un Juárez, un Calles o un Obregón. Para ponerle alto al ¡Clero Corrupto!

La mujer resulto ser Julia Klug una víctima de abuso sexual por parte de un sacerdote de la iglesia católica cuando era una niña de apenas siete años. Eso la orilló en 2006 a realizar una protesta en contra de los curas pederastas y de la intromisión de la iglesia católica en la política nacional así como exigir el respeto a los derechos de los niños y niñas.

Julia aceptó compartir unas palabras conmigo a fin de explicar lo que hacen, lo primero fue hacer un llamado a todo México para denunciar a los curas pederastas y no seguir permitiendo que cometan fraudes en el nombre de Dios.

Los Sacerdotes Que Siguen Los Pasos De Cristo

En el suelo se pueden leer mantas en las que se denuncia a los curas pederastas así como en las que se realizan comparativos entre la forma de vivir de Jesús y el Papa, pero de entre esas mantas sobre sale una en las que se encuentran las fotografías de otros sacerdotes los que son cercanos a la gente y sus necesidades como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Juan XXIII, Monseñor Romero, Samuel Ruiz, Raúl Vera, etc.

Julia comenta que así como existen curas a los que repudian también existen otros a los que admiran como lo es don Samuel Ruiz y el obispo de la diócesis de Saltillo Raúl Vera López, para Julia, Raúl Vera es un hombre que esta con el pueblo y que es de los pocos que siguen los pasos de Jesucristo, menciona que Vera López es un hombre que es admirado en el Distrito Federal y externa que en el momento que él necesite el apoyo de los defeños, que están con la iglesia católica buena, le brindaran su apoyo.

Respuesta De La Sociedad

Las personas que transitan por los lugares en los que realizan esta manifestación se muestran solidarias con la causa. Hay personas que se acercan para felicitarlos por el valor que tienen por denunciar este tipo de actos inhumanos, otros solo se limitan a levantar el pulgar en señal de apoyo. Son mininas las personas que están en contra de la manifestación.

Respuesta De La Iglesia Católica

Derivado de las protestas que desde el 2006 han realizado en las cuales exhiben una cara de la iglesia católica, la de los curas pederastas, Julia ha sido víctima de atentados por parte de la arquidiócesis primada de México la cual encabeza Norberto Rivera Carrera.

En 2007 fue atropellada por el chofer que manejaba la camioneta en la que viajaba Norberto Rivera quedando inválida. En 2010 un cura asignado a la Catedral metropolitana la amenazó diciéndole que “o le paraba a mi desmadre o me iban a dar donde más me doliera” tres días después de esa amenaza el único hijo varón de Julia estaba muerto. En octubre de este año el mismo cura que la amenazó en 2007 le dijo que “si no le paras a tu desmadre… te vamos a cortar la cabeza y la vamos a hervir”  ante estas amenazas Julia presentó su denuncia ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Julia dice que a pesar de estas amenazas no se detendrán porque no les tienen miedo, porque creen en Cristo, porque son católicos pero no pendejos.

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Julia Klug, Jorge Verástegui y Andrés Contreras